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Edición 157 - Cada uno en su papel esencial

En el asentamiento Margarida Alves, en Ituberá, en el Bajo Sur de Bahía, familias de pequeños agricultores se unen y se capacitan para el desarrollo de la comunidad

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texto Gabriela Vasconcellos
fotos Márcio Lima

La margarita es una flor curiosa. De cerca, usted se dará cuenta que, en realidad, la flor es formada por dos tipos de flores. Las pétalas blancas rodean un meollo amarillo. Con distintas funciones, esas partes integran un todo preparado para desempeñar distintas tareas esenciales a la supervivencia. Y así, pues, la comunidad lleva su nombre. El asentamiento “Margarida Alves”, en el municipio de Ituberá (a 280 Km. de Salvador) surgió, en 1998, de la ocupación del Movimiento de los Trabajadores sin Tierra (MST) de Brasil, de origen campesino. Desde entonces, las familias se organizaron, repartieron las propiedades y se unieron por el desarrollo de la comunidad.

Antonio Nascimento, la esposa y el hijo menor: “Pasamos a contar con apoyo técnico y nuestra actividad productiva aumentó”

Antonio Nascimento Santos, de 64 años, llegó a la región en 1996 en busca de trabajo, con la esposa y los hijos; “No tenía donde cultivar la tierra y aquí conseguimos. En aquella época, mi mayor deseo era tener un pedazo de tierra”, recuerda. En el 2009, con la llegada de la Cooperativa de Productores de Palmito del Bajo Sur de Bahía (Coopalm) al asentamiento, el agricultor encontró una oportunidad de crecimiento. “En todos estos años, lo que más nos marcó ha sido la instalación de Coopalm. Somos asociados. Pasamos a contar con apoyo técnico y nuestra actividad productiva aumentó”, observa.

Antonio tiene esperanzas con la plantación del palmito de pupuña. En dos años, cosechará mensualmente cerca de 750 astas, que le rendirán R$ 1.100 por mes, solo con esa cosecha. “Quiero producir más para ampliar mi propiedad”, afirma el agricultor, que desde las cinco de la mañana está preparado para ir a trabajar al campo, lo que le asegura el dinero de fin de mes. “Y así me ocupo de la familia y de la casita donde vivo. Estamos planeando comprar un auto”.

Antonio no trabaja solo. Con el hijo más pequeño, Antonio Nascimento Santos Filho, el único de los tres que permaneció en el asentamiento, no sólo tienen el mismo nombre, sino que también comparten el amor por la tierra. “La agricultura forma parte de mi vida. Es mi negocio”, afirma Antonio Filho, 24 años, que fue alumno de la Casa Familiar Rural de Igrapiúna (CFR-I) unidad de enseñanza que, al igual que Coopalm, forma parte del Programa de Desarrollo Integrado y Sostenible del Mosaico de Áreas de Protección Ambiental del Bajo Sur de Bahía (PDIS), apoyado por la Fundación Odebrecht.

Antonio Filho está terminando el curso de tres años. Durante ese periodo tuvo acceso a la capacitación en áreas como administración rural, suelos, cultivos perennes y beneficiamiento de productos de origen animal y vegetal, aparte de nociones sobre cooperativismo, educación ambiental y protagonismo juvenil. Las nuevas técnicas aprendidas, aliadas a la asistencia de Coopalm, han contribuido para ampliar la productividad de la familia.

“Se puede vivir bien en la zona rural y desarrollarse sin que sea necesario emigrar hacia los grandes centros en busca de un sueño que no existe”, afirma el nuevo empresario rural que se asoció a Coopalm en el 2011. “Estoy seguro que en el futuro estaré trabajando en agricultura”, asegura. Y el padre opina lo mismo: “estoy muy feliz de que mi hijo esté trabajando la tierra, uno consigue todo en el campo”.

 En el 2011 se cosecharon más de 10 mil astas

Actualmente, 18 de las 25 familias que viven en Margarida Alves están asociadas a la cooperativa. Solo este año, se cosecharon más de 10 mil astas de palmito, lo que generó un promedio superior a R$ 750 para los agricultores. ”Apostamos en la cooperativa porque vimos que era un proyecto seguro”, garantiza Antonio Filho.

Además de Coopalm y de CFR-I, otras instituciones vinculadas al PDIS están trabajando en el asentamiento. La Organización de Conservación de Tierras (OCT), por ejemplo, ha apoyado a la comunidad a conquistar la regularización ambiental, conjuntamente con el gobierno estadual. La Asociación Guardiana del Área de Protección Ambiental de Pratigí (Agir) facilita la reglamentación documental y contable, y la Cooperativa de Acuicultores de Aguas Continentales (Coopecon) ha iniciado contactos con la comunidad para implantar la reproducción de peces en la región, lo que genera más oportunidades de trabajo y renta.

Para los habitantes del asentamiento es sólo un comienzo. “Hemos sentido la diferencia. Nuestra comunidad se desarrolló, hay más confort y orientación”, dice Ananías de Sena, 73 años, uno de los más antiguos habitantes de “Margarida Alves”, asociado a Coopalm. “Nuestra renta tiende a aumentar”.

La misma determinación de Ananías está presente en cada familia, inspirada en la fuerza y el coraje de la que dio el nombre a la comunidad. Margarida Maria Alves, fallecida en 1983, fue una luchadora, pionera en defensa del derecho de los campesinos de Brasil. “Ella no era de aqui. Pero conocemos su batalla”, dice Ananías. Por lo que él cuenta, Margarita no tenía relaciones con la fragilidad y la delicadeza de la flor. Su valentía y dedicación al grupo que defendía recordaban el meollo amarillo, que sostiene las pétalas blancas.

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