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Contribuyendo para la formación de jóvenes de la zona rural en el Bajo Sur de Bahía

Colegio Estatal Casa Joven se destaca en el año 2012 con la conquista de premios que reconocen las actividades de los estudiantes

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En la zona rural del municipio de Igrapiúna, en el Bajo Sur de Bahía, 573 jóvenes tienen acceso a una educación vinculada con la realidad donde viven. Clases de matemáticas y portugués forman parte de su vida cotidiana, pero no son los únicos contenidos que se trabajan. En el Colegio Estatal Casa Joven (CECJ), los alumnos del Ciclo Básico de Secundaria (del 6º al 9º año) y cursos de nivel medio y técnico de Agroecología abordan temas como agricultura, teatro y poesía, además de aprender a preparar panes y tortas en una panadería-escuela y compartir conocimientos en sus comunidades.

El complejo educativo también ofrece cursos de formación profesional y de inclusión digital, buscando capacitar a jóvenes para el trabajo. La estructura cuenta con laboratorios de informática, biblioteca, auditorio, cocina industrial, cancha polideportiva y diez salas de clase. También se implantó la Industria del Conocimiento, iniciativa del Servicio Social de la Industria (SESI) que viabiliza la instalación de centros multimedia en municipios de bajos ingresos, y la Escuela de Instrucción Militar, organismo de formación de reserva del Ejército Brasileño que permite la prestación del Servicio Militar a los estudiantes de preparatoria.

En 2012, los trabajos realizados con alumnos del Colegio –una de las unidades de enseñanza vinculadas al Programa de Desarrollo y Crecimiento Integrado con Sostenibilidad del Mosaico de Áreas de Protección Ambiental del Bajo Sur de Bahía (PDCIS), fomentado por la Fundación Odebrecht y sus asociados del poder público e iniciativa privada- recibieron diversos reconocimientos. Ya sea por el estímulo al voluntariado, fortalecimiento de la identidad cultural local o el fomento de proyectos que impulsan la generación de trabajo e ingreso, el CECJ se destacó durante todo el año. Odebrecht Noticias presenta esas conquistas.

Escuela Voluntaria
Corazones acelerados. La tensión se sentía en el aire. Cuatro alumnos, representantes del CECJ, estaban emocionados. Sentados en la platea del Espacio Itaú Cultural, en São Paulo, el 27 de noviembre, todos aguardaban el anuncio del ganador de la 12ª edición del Premio Escuela Voluntaria. Al escuchar del periodista Milton Neves que eran los ganadores, los jóvenes dieron rienda suelta a una alegría contagiante.

“Estar entre los diez finalistas ya era bueno. Cuando Milton mencionó ‘dá-lhe Bahia’, nos emocionamos”, cuenta Marcos Souza, 16 años, alumno del 2º año de preparatoria. Marcos es uno de los 22 jóvenes que realizaron el proyecto Teatro y Poesía, fortaleciendo identidades en comunidades del municipio de Igrapiúna y su entorno. “Realizamos un trabajo diferenciado y todos luchamos por el mismo propósito: enseñar a nuestros estudiantes a entender la importancia del voluntariado en este país”, afirma Francisco Nascimento, profesor de Arte y coordinador de la iniciativa.

El CECJ se inscribió en el premio gracias a la experiencia en la comunidad quilombola Laranjeira, también localizada en Igrapiúna, donde mensualmente se realizan talleres que estimulan la lectura y el fortalecimiento de la identidad cultural de niños y moradores. Los alumnos participan voluntariamente y replican el conocimiento adquirido en la escuela. Para Adeilane Souza, del 3er año, el aprendizaje es enorme. “Creamos obras sobre los temas que las comunidades nos necesitan. Nuestro primer trabajo es visitarlas y realizar un relevamiento. Luego preparamos la presentación. Nos sentimos privilegiados por transmitir esas informaciones”, garantiza la joven de 19 años.

El contenido fue tema del reportaje que se difundió en noviembre de 2012 en Radio Bandeirantes, que, en asociación con la Fundación Itaú Social, promueve el Premio Escuela Voluntaria. Los finalistas recibieron una capacitación en periodismo radial y realizaron un reportaje para presentar el proyecto social. Juliane Santos, 17 años, fue la locutora. “Fue algo muy importante en mi vida. Aprendí a hablar rápido, sin olvidar las comas y la acentuación. Logramos transformar un sueño en realidad”, garantiza la alumna de 1er año. “Seguiremos con el proyecto, haremos que crezca. Tenemos potencial y podemos hacer la diferencia”, completa.

Antônio Matias, Vicepresidente de la Fundación Itaú Social, cree que el premio es una forma de valorizar y motivar a los educadores: “Estamos transmitiendo un mensaje a la sociedad, de que la escuela puede realmente ser un espacio no solo de aprendizaje sino también de construcción de ciudadanía”. Thais Vilas Boas, 15 años, que cursa el 1er año, concluye que lo más importante fue el intercambio de experiencias con la comunidad. “Nosotros donamos conocimiento”.

Para dar continuidad a las actividades, el CECJ recibió un cheque de R$ 15 mil. En la misma noche, estudiantes de la Escuela Internacional de Alphaville, de São Paulo, seleccionados en segundo lugar, decidieron donar el premio, de R$ 10 mil, al colegio bahiano.

Estímulo al fortalecimiento de la identidad cultural local
A efectos de fortalecer la identidad cultural en el Colegio, se realizaron acciones integradas al currículo escolar a efectos de ampliar la conciencia crítica social, mediante grupos de estudio, talleres de teatro y visitas comunitarias. Charlas, rescate de costumbres y tradiciones y la creación de un grupo de samba y entrevistas con personalidades históricas de la región también formaron parte del Proyecto de Fortalecimiento de la Identidad Cultural Local, que recibió el Premio Educar para la Igualdad Racial.

La iniciativa busca mapear prácticas escolares destinadas al tratamiento de la temática racial. Entre los 486 inscriptos, el proyecto del CECJ fue uno de los 16 ganadores. “Buscamos consolidar una nueva cultura educativa, donde la disciplina y la contextualización de la vida campesina hacen la diferencia en el día a día de los estudiantes y de la comunidad. Por eso, ese reconocimiento tiene un significado especial”, garantiza el profesor Francisco Nascimento, que representó al Colegio, en São Paulo, en los días 11 y 12 de diciembre, durante la ceremonia de premiación.
La unidad de enseñanza será beneficiada con un plan de acompañamiento para estimular y potenciar las acciones.
 
El premio es promovido por el Centro de Estudios de las Relaciones Laborales y Desigualdades, en sociedad con la Secretaría de Políticas de Promoción de la Igualdad Racial (Seppir), Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Banco Santander en Brasil y Fondo para la Equidad Racial – Baobá.

Calidad Bahía
Debido a las exitosas experiencias del Huerto Medicinal, el CECJ conquistó el Premio Gestión Calidad Bahía, concedido por la Asociación Bahiana para Gestión Competitiva. La propuesta es capacitar a los estudiantes para cultivar plantas medicinales y manipular remedios caseros naturales y compartir los aprendizajes con sus comunidades. Actualmente, la iniciativa beneficia a 381 personas en el Bajo Sur.

“El Huerto Medicinal integra la escuela a la comunidad bajo una óptica exclusivamente pedagógica, que potencia los saberes de la tierra, la cultura popular y el conocimiento de los antepasados”, explica Ademário Reis, Director del Colegio. Añade que las mudas cultivadas en viveros son donadas a los mismos estudiantes y personas de la comunidad, que dan continuidad al cultivo en sus propiedades. “Con la inclusión de la familia en el proyecto, surgen oportunidades de generación de ingreso y, como consecuencia, ampliación del conocimiento”, subraya.

Para el Técnico en Agroecología Ângelo de Jesus, egresado en 2011 por el CECJ, la participación en el Huerto Medicinal significó cambios positivos en su vida. “Convencí a mi madre a cuidar el jardín según las prácticas aprendidas en el colegio. De esa manera, preparé el área con una cobertura muerta de gramilla seca para conservar la tierra abonada y húmeda. Después planté las mudas medicinales y las hortalizas”. Ângelo explica que actualmente sus familiares ya aprendieron el cultivo adecuado y aceptan de buen grado las innovaciones que él aporta. “Plantamos, cosechamos, extraemos el aceite de la planta y elaboramos el jarabe. Nuestra producción ya puede comercializarse. Creo que todo joven sueña con tener su propio negocio y crecer junto a su familia. Por eso, estoy realizando mi sueño”.

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