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Escuelas rurales mejoran seguimiento de jóvenes graduados

Las Casas Familiares apoyadas por la Fundación Odebrecht han intensificado la forma como los egresados son acompañados

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Moisés Yure en su propiedad, municipio de Valença (Bahia)
Moisés Yure en su propiedad, municipio de Valença (Bahía)

A los 19 años, el agricultor Moisés Yure viene destacándose con la producción de yuca, mandioca, maracuyá y cacao donde vive, en el municipio de Valença, Bajo Sur de Bahía. En 2018, el joven se graduó como técnico en Agropecuaria de la Casa Familiar Rural de Presidente Tancredo Neves (CFR-PTN). Inclusive después de terminar el curso, cuenta que continúa recibiendo acompañamiento constante de la institución.

“Para mí, ha sido parecido a lo que sucedía cuando era alumno. El monitor viene a mi casa y comparte orientaciones sobre el área productiva de mi familia, qué podemos hacer mejor y cómo agregar aún más valor a lo que estamos produciendo. Esto es fundamental y me siento cada vez más preparado para enfrentar los desafíos”, comenta.

La historia de Moisés es parecida a la de los aproximadamente 100 estudiantes que se graduaron el año pasado en la CFR-PTN, Casa Familiar Agroforestal (CFAF) y Casa Familiar Rural de Igrapiúna (CFR-I): escuelas rurales que forman parte del Programa de Desarrollo y Crecimiento Integrado con Sostenibilidad (PDCIS), iniciativa de la Fundación Odebrecht que busca transformar social, económica y ambientalmente las condiciones de vida de las personas del Bajo Sur de Bahía. Instituciones de enseñanza media integrada a la técnica, CFR-PTN, CFAF y CFR-I han intensificado la forma como los egresados son acompañados.

Presencia del educador

Romildo Oliveira (izq.), educador responsable del acompañamiento de egresados en la CFAF, en visita al área productiva de exalumna
Romildo Oliveira (izq.), educador responsable del acompañamiento de egresados en la CFAF, en visita al área productiva de exalumna

Las Casas Familiares tienen como metodología la Pedagogía de la Alternancia, bajo la que los estudiantes pasan una semana en tiempo completo en la escuela y dos en sus propriedades aplicando en la práctica lo que aprendieron y recibiendo visitas constantes de los monitores. De acuerdo con Quionei Araújo, director de la CFR-PTN, mantener activa la relación entre profesores y alumnos practicada a lo largo de las alternancias es fundamental para el desarrollo después de su graduación. “Cuando llegan al 3er año, iniciamos un Programa de Acción de salida. Queremos entender lo que los jóvenes pretenden plantar y sus planes para el futuro”, explica.

Araújo comenta que esa convivencia más cercana contribuye a que los recién graduados consigan cumplir las metas establecidas al fin del 3er año. “Esto también permite que la Casa Familiar sepa cómo el alumno viene conduciendo su actuación en campo. Podemos trazar una nueva ruta, si es necesario, para que se desarrolle de la mejor forma posible”, enfatiza.

Para Crislei Leite, exalumno y actualmente técnico de la CFR-I, responsable de las relaciones con los egresados, es importante comprender cómo los graduados están aplicando los conocimientos técnicos adquiridos. “Observamos cómo son en términos de rendimiento de la producción y compromiso con la comunidad. También evaluamos los cultivos y lo que puede mejorarse, además de aclarar dudas”, afirma.

Según Romildo Oliveira, educador que realiza este trabajo de acompañamiento en la CFAF, uno de los puntos más relevantes es entender al exalumno como protagonista. “Conocemos sus dificultades y sueños. Sabemos que es diferente lidiar con los desafíos fuera del ambiente de la Casa Familiar. Este contacto es importante para incentivar a que los jóvenes sean independientes y se conviertan en dueños de su destino. Éste es el objetivo mayor”, refuerza.

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